¿Qué pasaría tras mi llegada a Kanazawa, a la 1 de la
madrugada y donde no tenía nada reservado? Pues que evidentemente estaba en la
calle y ahí me quedé hasta que amaneció. Di un paseo intentando encontrar un
bar abierto y cuando creí que estaba salvado al avistar un karaoke un poco
sórdido, me encontré que una vez dentro había cubículos un poco pequeñitos y
demasiado íntimos y que las luces eran sospechosamente coloraditas. Yo por si
acaso, no fuese a ser que pecase de desconfiado, pregunté a un camarero que
estaba cerca de la entrada si podía tomar una cerveza, a lo que me miró como si
hubiese visto a Alf y me dijo que no, que ahí para tomar cervezas como que no…
Así que me alejé de la casa de afecto negociable japonesa y me puse a dar vueltas hasta que, cansado como estaba después de tan largo día, volví a la estación y me puse a descansar rodeado de una nube de indigentes japoneses. Por supuesto, un indigente japonés es como un indigente de alto standing y los bancos eran comodísimos.
Una vez despojado del sueño (y de algo de dignidad) me desperté unas 4 o 5 horas después para ver el jardín de la ciudad, considerado uno de los tres jardines más bellos de Japón. El jardín era en efecto, muy bonito y aquí os dejo unas fotos para que lo podáis apreciar.
Tiene cerezos de todo tipo, estanques, arbustos muy monos y pajarillos que
revolotean por doquier. Creo que también estaba el árbol en el que se
transformó David el gnomo. Pero vuestro amigo Pablo ya estaba un poquito saturado
de jardines y lo que quería era tomarse una cervezuela y ver un poquito de
ciudad, por lo que decidió irse al norte a ver que se encontraba. Y como Sapporo
es una gran ciudad cervecera en lo más norte de Japón, ahí me dirigí.
Así que me alejé de la casa de afecto negociable japonesa y me puse a dar vueltas hasta que, cansado como estaba después de tan largo día, volví a la estación y me puse a descansar rodeado de una nube de indigentes japoneses. Por supuesto, un indigente japonés es como un indigente de alto standing y los bancos eran comodísimos.
Una vez despojado del sueño (y de algo de dignidad) me desperté unas 4 o 5 horas después para ver el jardín de la ciudad, considerado uno de los tres jardines más bellos de Japón. El jardín era en efecto, muy bonito y aquí os dejo unas fotos para que lo podáis apreciar.
De camino a Sapporo
decidí parar en Takayama, sólo por el hecho de que iba con la guía de mi amigo
Daniel y tenía marcado en el mapa algo así como “lugar chachi” por lo que decidí
pararme. En el pueblo (que más bien era una aldea) rústico como él solo, la
mayoría de las casas eran de madera, como la de la foto y
aunque estuve tentado de ver si alguna
prendía sólo para ponerlo en facebook, no lo hice y me limité a sacar unas
fotos y comprar algo de comida para el largo viaje que me esperaba. Fui a la
estación de trenes y pedí un billete para Sapporo para ese día. Esto
equivaldría a estar en Cadiz y decirle al vendedor de billetes de la estación: “¡Hola!
¡Deme el próximo ticket para Tarragona!” El señor aún así me hizo las
conexiones pertinentes y me encontró una en la que tenía un trasbordo de un
minuto y medio para coger el tren de enlace. Él vendedor de billetes aseguraba
que el tren llegaría al segundo en puntualidad y os adelanto que así fue. Cosas
de la red ferroviaria japonesa.
Sapporo es la mayor ciudad de la isla más al norte de Japón, Hokkaido. Dicha isla va bastante a su bola y no tiene tanto del Japón tradicional al que estamos acostumbrados. Y tampoco de su clima: en Hokkaido las temperaturas pueden llegar a alcanzar los 40 grados bajo cero en invierno y es relativamente común el ataque de osos en las montañas. En Tokyo como mucho te ataca un gato, que seguramente sea Doraemon y te de algo bueno.
Sapporo es la mayor ciudad de la isla más al norte de Japón, Hokkaido. Dicha isla va bastante a su bola y no tiene tanto del Japón tradicional al que estamos acostumbrados. Y tampoco de su clima: en Hokkaido las temperaturas pueden llegar a alcanzar los 40 grados bajo cero en invierno y es relativamente común el ataque de osos en las montañas. En Tokyo como mucho te ataca un gato, que seguramente sea Doraemon y te de algo bueno.
Cuando yo llegué no
hacía -40 grados, pero si hacía bastante rasca aún así, sobre todo teniendo en
cuenta que llevaba un mes muriéndome de calor allá a donde iba y que cuando
abandoné Takayama estábamos a 34 grados.
En Sapporo, algunas de las cosas más famosas son: el reloj del ayuntamiento, la lonja de pescado, el museo de los “ainu” (los aborígenes de la isla) o la torre de televisión (en la foto) Pero lo de verdad, de verdad famoso de Sapporo es sin duda, la cerveza. Sapporo produce una cerveza (que por supuesto trajeron los alemanes) que llevan produciendo desde hace la tira de años por ellos mismos. Así que me propuse realizar una inmersión cultural e irme a tomar unas cervezas mientras degustaba uno de los platos típicos de Sapporo, el Jingisukan (Gengis Khan) consistente en una parrilla ovalada sobre la que ir poniendo los alimentos que se van pidiendo, principalmente carne y verduras, lo cual no es nada, nada típico en el resto de Japón. Os dejo un video bastante aclarativo.
En Sapporo, algunas de las cosas más famosas son: el reloj del ayuntamiento, la lonja de pescado, el museo de los “ainu” (los aborígenes de la isla) o la torre de televisión (en la foto) Pero lo de verdad, de verdad famoso de Sapporo es sin duda, la cerveza. Sapporo produce una cerveza (que por supuesto trajeron los alemanes) que llevan produciendo desde hace la tira de años por ellos mismos. Así que me propuse realizar una inmersión cultural e irme a tomar unas cervezas mientras degustaba uno de los platos típicos de Sapporo, el Jingisukan (Gengis Khan) consistente en una parrilla ovalada sobre la que ir poniendo los alimentos que se van pidiendo, principalmente carne y verduras, lo cual no es nada, nada típico en el resto de Japón. Os dejo un video bastante aclarativo.
Visité, incitado por mi amigo Morente, el museo Ainu de la ciudad, que se encontraba en un séptimo piso y que parecía que nadie visitaba. Lo digo más que nada porque había varias pantallas informativas que encendieron al entrar yo y porque la que cortaba el bacalao en el museo vino a hablar conmigo en persona a indagar quién era yo y qué era lo que hacía. Como debí ser el primer español que pisaba aquel museo y le caí en gracia, me enseñó a tocar un instrumento ainu muy rudimentario y mono llamado “mukkuri” que aún conservo. No es que suene muy bien, pero claro, si viene de Japón, donde todo parece más maravilloso, de repente a uno le suena a arpa celestial
Dispuesto a abandonar Sapporo con el listón bien alto y contento de haber ido, pensé que ya nada más podría ofrecerme la ciudad. Sin embargo estaba equivocadísimo: volviendo a la estación me encontré al héroe de mi infancia en medio de la calle, en Japón. Allí, repartiendo fliers se encontraba…
Y así, terminé mis andanzas de arriba a abajo de Japón y me dirigí a la que sería mi última parada antes de abandonar el país: ¡TOKYO!
Pero como bien os oléis, esto amiguitos, será la próxima vez.
¡Un abrazo y escribid algo, por caridá!
