domingo, 31 de julio de 2011

Bags, bags. Watches, watches...!


Y nos acercamos al final de la travesía por China.

Después de Beijing nos dirigimos a Shanghai (que Dani siempre escribía como Shangay, pobrecico) en tren. Hasta el momento habíamos usado los trenes antiguaos ya que como os había comentado, quedaban pocos billetes para todos los trenes y todos los de alta velocidad estaban comprados. Sin embargo esta vez tuvimos más suerte y conseguimos una plaza en coche-cama. He de comentar que la red de trenes de China es la mejor que he visto en mi vida. Se nota que lo construyeron todo para los juegos olímpicos del 2008 porque algunas estaciones de ciudades pequeñas se han quedado sin tanta afluencia de pasajeros y parecen estaciones por estrenar en medio de la nada. La red ferroviaria de alta velocidad (sólo alta velocidad, sin contar los trenes normales) es de 13.000 kilómetros. Eso es una burrada amiguetes. Y en esos 13.000 kilómetros, los trenes van a 300 y pico por hora.

  A Dani el pobre, le tocó una familia china con bebé incluído (no había plazas para ir los dos juntos en el mismo compartimento) y dice que apenas pudo dormir y que la familia era odiosa y les deseaba la muerte. No con estas palabras, pero se veía el odio en su mirada occidental. Por cierto, en el tren nos compramos una botella de vino tinto que nos bebimos entre los dos por tan sólo 4 euros. No sé qué clase de vino sería, pero en ningún supermercado encontramos un vino tan barato…

   Al llegar a Shanghai lo primero que vimos es que estaba todo mucho mejor organizado. Creemos que es por el hecho de que Shanghai es una ciudad muy avanzada pero que la pobre no es la capital, y claro, quiere destacar todo lo posible sobre Beijing. Esto lo vi porque me preguntaron más de una vez “¿y qué te pareció Beijing?” “un poco sucio, ¿no?” Creo que es la típica rivalidad Madrid-Barcelona.
 
   Después de hacer el check-in en nuestro hotel que estaba en una de las calles principales de la ciudad, intentamos comprar mi billete para Japón para así poder organizar mejor mi agenda. El puerto internacional estaba en la loma del monte y al llegar allí, entramos en el edificio, y al hablar con la persona en recepción (sólo había dos personas en todo la planta baja de un edificio enorme) sucedió lo siguiente:
 (Transcrito al español lo más exacto posible)
-Pablo: Hola. ¿Para comprar billetes a Japón?
-Recepcionista: ¿Qué?
-P: Billetes. Japón.
-R: Mmmm. No. No.
-Pablo(con la paciencia adquirida en China): A ver, esto es la terminal internacional de barcos, ¿verdad?
-R: Mmmmm…Sí.
-P: ¿Y donde puedo comprar billetes para un ferry?
-R: Pues… no sé… ¿A dónde vas?
-P: A Osaka.
-R:¿Osaka?
-P: Japón.
-R: ¿¿Japón?? ¡Uy, uy! ¡No, no!
-P: No, no, ¿qué? Si no es aquí, ¿Dónde los compro?
-R: Pues no sé… Pregunta cerca de aquí, a ver…
-Pablo(pensando si por un casual se habría equivocado de edificio): A ver, este edificio que sale en la foto (señalando en un mapa una foto del edificio de la terminal) ¿es este en el que estamos?
-R: Pues… Un poco si que se parece, la verdad…
-P: Ya… Bueno, mira… Da igual… Gracias.
-R: ¡De nada!

 Dani decía que esto es como si a una chica que trabaja en el aeropuerto de Madrid te dice “¿Qué si es esto el aeropuerto? Uy, pues no sé… Yo aquí sólo pongo cafés… Es que no me fijo en esas cosas”

Al final conseguí el billete, pero tardé varias horas.

 En Shanghai comimos un par de veces en una especie de área de descanso en un centro comercial, donde se podían comer cosas de diversos puestos y consumirlas en cualquiera de las mesas disponibles (que eran muchas, como también eran muchos los chinos que las rondaban y por eso tuvimos que comer de cuclillas la primera vez) El sistema para pedir en este tipo de lugares en China (muy habituales) es el siguiente: se pide lo que se quiere en caja y con el ticket se va por el puesto o puestos entregando lo que se haya pedido. Como no podíamos hablar con la cajera, los chinos, listos ellos, tenían unas tarjetitas con los nombres o fotos de las cosas para entregarle a la cajera. Para algunas cosas que no tenían dicha tarjeta y queríamos pedir, optamos por sacarles fotos y enseñárselas a la cajera.

En Shanghai principalmente fuimos de compras. No es una ciudad particularmente chinorresca. Rascacielos, calles cuidaditas y un centro bastante limpio es lo que conforma hoy en día el centro de la ciudad. No hubo ninguna queja al respecto, ya que a Dani le gusta la comodidad y yo la recibía con los brazos abiertos sabiendo que me esperaban días moviditos más tarde. En nuestra calle se concentraban la mayoría de las tiendas y mientras Dani se fue a una boutique a buscar algo para sus familiares, yo me puse a caminar por la calle. En Shanghai hay un mercado negro enorme de falsificaciones y a cada paso que se da siendo extranjero, se le acercan a uno vendedores, todos con una especie de folio con fotos de productos(que no dejaban fotografiar), plastificado y en buen inglés, mientras que la persona grita: “bags, bags, watches, watches!” Era como un mantra a lo largo de toda la calle. Como yo soy como soy y me gusta meterme donde no debo, me fui con uno a ver a donde me conducía. Anduvimos unos 5 minutos hasta llegar a una zona de casas semi-chabolistas. Cuando ya pensaba en si podría vivir con sólo un riñón, mi acompañante llamó a la puerta y al abrir, apareció ante mí una tienda blanca inmaculada, bien iluminada y  llena de cientos de copias de todas las marcas. Como hacía un par de semanas que había dado muerte a mis converse falsas anteriores (es una tradición para mi tener siempre unas converse falsas. ¡No es fácil!) decidí comprarme unas nuevas por 9 euritos (con “you say how much” y paripé de hacer que me voy incluídos)

 Tras este “estresante” día, decidimos rematar la faena con un masaje de una horita. Los chinos consideran que los masajes es algo que uno hace por salud, y no como un medio para relajarse. Por eso, a menudo las masajistas no paran de hablar y es difícil relajarse. Fui dos veces a hacerme un masaje en China y en las dos, las masajistas no paraban de hablar, ya fuese conmigo (intentándolo en chino) o entre ellas.

 Tras Shanghai, Dani partió para España . Aquí os adjunto un video de nuestro última día a modo de resumen y despedida a Daniel, a quien echo bastante en falta en mi viaje.

  Aproveché mis últimos días en China para quedar con un amigo americano que casualmente se encontraba en China en un curso de verano.
Decidimos ir a ver el mundo rural chino y nuestra elección fue la región de Hunan, en el interior oriental del país. Allí escalamos el Tai´an, la montaña más sagrada para el taoísmo, a la que peregrinan millones de chinos cada año. El paisaje era idéntico al de las montañas que aparecían en Dragon Ball cuando Son Goku era pequeño, altas y redondeaditas.

 Tras pasar un agradable fin de semana y volviendo a Shanghai, resulta que hubo un accidente de tren en el que por lo visto murieron unos cuantos chinos (no sé si la noticia llegaría a España, por lo tanto) y mi tren se retrasó 4 horas. Como ya me olía la tostada y veía que no iba a llegar para coger el barco a Japón a la mañana siguiente, me meti en un tren que iba antes que el mío a Shanghai. Jugué bien mis cartas de viajero indignado/despistado y me dejaron ir en ese tren, en clase bussiness.

 Llegué pues a tiempo para coger el barco que me llevaría a mi siguiente destino, Japón.

 Pero esto, como os imaginaréis, será en el próximo blog. ¡Un abrazo a todos y comentad si podéis!

 ¡Es broma! ¡Si no comentáis os odiaré de por vida!


jueves, 28 de julio de 2011

You say how much!




 Aquí seguimos un día más escribiendo chinorradas. Os dejé, si mal no recuerdo, en nuestro primer día en Beijing.

 Al día siguiente, como os había comentado, nos dirigímos a la Gran Muralla en autobús con un grupo de nuestro hostal y otro más de otro hostal que Dani decía que olían fatal (no lo digo yo)

 Ya que teníamos poco tiempo en general, decidimos ir en un viaje organizado por nuestro hostal, que ofrecía dos tipos de tours por la muralla: uno en la zona restaurada de la muralla, más arreglad,llena hasta los topes de turistas. La otra, más recóndita, sin turistas (no vimos ni uno en las 4 horas que estuvimos allí) y sin restaurar, lo que a Dani y a mí nos parecía más autentico.

 Nos fuimos pues con los presuntos apestosos a una zona a dos horas y media de Beijin. La verdad es que la muralla parece superfácil de caminar y que uno se imagina recorriéndola en bici durante kilómetros. Error, querido amigo. Es todo cuesta arriba y cuesta abajo. No cuestecitas de las que mi madre se tiene que parar cada 5 minutos, sino cuestazas bien inclinadas y sin asfaltar en las que se caería rodando. La zona no restaurada estaba, como su nombre indica, sin restaurar y el camido era bastante duro. La verdad es que si no fuese por Dani que me iba animando y por el musicón que me puse en el mp3, no lo habría conseguido. La muralla eso sí, cumplió nuestras expectativas: grande, con un bonito paisaje, tranquila, romántica… No tengo mucho que contar de la muralla en realidad. Lo que uno piensa que va a sentir cuando esté en ella es lo que se siente. En mi caso era una sensación de tranquilidad mezclada con la emoción de pensar que había llegado hasta allí. Os adjunto una foto de uno de los tramos que recorrimos.

 Así que a la vuelta decidimos que ya estábamos cargados de China power y decidimos darnos un respiro asiático e ir al McDonalds.

 Me gusta ir al menos una vez a los McDonalds de otros países, la verdad. Suelen tener alguna hamburguesilla diferente y también me gusta ver los precios que el señor McDonald considera oportunos en cada país. En China como especialidad tenían una hamburguesa de ternera que sabía a restaurante chino europeo.

  Aún no me he centrado mucho en la comida, que es un tema importante para mí:
En general, la comida china me gustó mucho y creo que  podría gustarle a cualquier persona que se guiase por el sabor de las cosas y no por el hecho de que sean chinas o su aspecto.  Esta opinión viene del hecho de que principalmente, comen de todo. Ternera, pollo, cerdo, perro, marisco, pescado, etc… Sin embargo, su dieta está más centrada en los hidratos, y en casi todas las comidas; lo que los chinos se preguntan es si van a comer fideos o arroz (mientras que en mi opinión, en Europa es al contrario: nos da un poco igual la guarnición y lo que nos interesa es saber qué carne vamos a comer)

 Respecto al arroz, lo hay tres delicias, blanco o como uno lo quiera, pero en general es siempre blanco. Eso sí, se suele servir más bien al final por si uno no ha quedado lleno, al igual que las sopas. A Dani y a mí nos sucedió que pedimos sopa un par de veces y siempre nos las servían al final. Pensábamos que eran subnormales y ya está, pero no. Resulta que las sopas se ponen al final para llenar al comensal gordinflón que aún quería comer un poco más.

 Me sorprendió ver que apenas le ponen soja a las cosas. Si uno quiere soja, tiene que pedirla y pocas veces he visto a un chino ponerle soja a algo. Cocinan con soja muchas cosas, pero no le añaden más a lo que no lo tiene. Diría que es un poco para ellos como para nosotros el kétchup o la mayonesa.

 Comen mucho huevo, incluido un tipo que se cocina enterrándolo un mes bajo tierra. Se llama “huevo centenario” y aunque a simple vista parece un huevo podrido, está buenísimo. Seguro que produce cánceres varios, porque un huevo verde de hace un mes, muy sano no debe ser, pero bueno, los chinos los comen a patadas y están bien.

 También comen empanadillas como si no hubiese mañana y es muy fácil quemarse al comerlas porque llevan un caldo infernal dentro de ellas. Creo que los gaznates chinos en general están hechos de amianto, ya que las comidas y bebidas suelen ser como lava candente y ellos ni se inmutan. Las sopas vienen burbujeando y ellos se las papan al momento. Eso sí, las sorben que da gusto oírles. Se suelen oír sorbidos por todo el restaurante y la gente ni se fija.  Claro que, es eso o quedarte sin labios…

 Los chinos, así a grandes rasgos, no es que sean un pueblo “delicado”  Como posiblemente sepáis, escupir en la calle es de lo más normal del mundo (aunque he de admitir que en las grandes ciudades, apenas he visto a gente escupir, quizá una vez al día, que es bastante menos de lo que esperaba)  Sorber la sopa como os he contado es una más de las perlas que la cultura china nos brinda. Otra que también me gustó mucho es que como hace calor, los hombres se arremangan la camiseta para que les dé el fresquito. Llevar la barrigola al aire es lo más chic en esta temporada de la moda china y Dani se sumó a ella en algún momento puntual en el que hacía un calor insoportable. De todos modos, subirse la camiseta es la mayor medida que toman. Los chinos ni se abanican ni nada porque no sudan. Mientras todos los no-chinos sudábamos como cerdos que sudan mucho, ellos estaban tranquilísimos y sequísimos. Creo que la raza asiática no tiene glándulas sudoríparas. Supongo que para compensarlo, tienen el cuádruple de glándulas salivares…

 A pesar de todo lo que estoy diciendo, quiero dejar claro que la gente china me ha caído muy bien y mi opinión sobre ellos ha cambiado a mejor enormemente. Lo digo por si parece lo contrario en algún momento.

 Tras el McDonalds, fuimos a comprar a un centro comercial de recuerdos, ropa y cosas inútiles. El tema de las compras en china es que todo se regatea. Al no saber el precio de las cosas, hay que tener claro lo que uno cree que algo debe valer, ya que si no pagará bastante más de lo que vale. Por lo general, hay que ofrecer un precio un 80-90% menos de lo que se pide en para ir subiendo y dejarlo en un 30% aproximadamente. Como me gusta bastante dar el coñazo, regatear es todo un placer para mí. El sistema de venta es el siguiente: uno entra en la tienda o puesto. Como el vendedor no va a hablar inglés, hay que preguntar por señas cuánto vale, a lo que el vendedora sacará el móvil y pondrá un número ridículamente alto para ver cuan pringui es el comprador. Al ver que no es tan pardillo como pensaba y no va a pagar eso, el vendedor dice la frase mágica: “you say how much” y le pasa el móvil para que ponga un precio y así ir negociando. Al final, normalmente hacía el paripé de que me iba, para conseguir un bajón final, con el vendedor gritando “wait, wait!” por la calle. Qué malo soy…

 Terminamos con Beijing viendo la Ciudad Prohibida (muy bonita, pero ya estábamos saturados de ese tipo de arquitectura) antes de dirigirnos a Shanghai, sobre el cual os hablaré la próxima vez en el que será el último post sobre China.

 Que sepáis que he ido a un templo budista a echar un maleficio a todos aquellos que me leéis sin escribir. Si comienzan a pasaros cosas extrañas, no os sorprendáis.

 Muchos besotes y saludos desde Japón, a donde he llegado hoy.

domingo, 24 de julio de 2011

Pato Pekín


Por petición de mi querido Morente, que tiene a bien subirme lo que escribo hasta que salga de China y pueda conectarme al blog, creo que escribiré un poco más (aún) en este blog, para ir acortando el desfase temporal entre lo que escribo y lo que sucede en tiempo real.

 Os dejé en Guangzhou, ciudad futurista donde las haya y de la cual salíamos al día siguiente con destino Beijing (según la transcripción fonética antigua, Pekín) en un tren en el que, por motivos de demanda de tickets por parte de los estudiantes que acababan de terminar el curso, no tenía plazas reservadas, por lo que se nos planteaba un viaje de 30 horas de pie. Por suerte, mi flor en el culo se activó y encontramos dos asientos libres en el vagón restaurante, donde que nos pudimos sentar el resto del viaje. Comentaros que el tren era bastante modernete, y que la comida era barata aunque algo repetitiva  (acabamos hasta el orcate de pescado tipo dorada y de apio) En él conocimos entre otros, a unos chinos con los que apenas pudimos hablar (por no hablar ni ellos inglés ni nosotros chino) y que nos invitaron aún así a unas cervezas, a una mongola de Mongolia con la que terminé hablando ruso que quería gorronearnos el teléfono para hablar con su hermano media hora (palabras textuales “¿Puedo llamar media hora?”) un gordo infame cuya foto tiene Dani y subiré al facebook (era muy gordo y muy infame) y otros personajes más que se nos acercaban o nos miraban por ser occidentales. No están aún muy acostumbrados a la gente como nosotros (y la barba les llama bastante la atención) y a veces incluso te paran por la calle y te piden si puedes posar con ellos para una foto.

 Tras esta odisea, llegamos a Beijing caída ya la noche y con Lonely Planet en mano, nos pusimos a buscar un hostal en el que dejar nuestros enseres. Cogimos un taxi y señalamos en un mapa a donde queríamos ir, pero el taxista no entendía nada (creo, después de repetir este proceso, que no entienden la interpretación de los mapas como nosotros) así que nos dejó en la calle al cabo de un par de minutos y tuvimos que coger otro que entendió a donde queríamos ir y nos llevo cerca de allí (digo cerca, porque no nos llevo a donde queríamos. Nos llevo a donde a él le venía bien y nos indico cómo seguir andando)

 Tras preguntar en tres o cuatro hoteles, decidimos quedarnos en uno de mochileros bastante bien situado (a  5 minutos de la plaza de Tiananmen) aunque teníamos que compartir la habitación con dos personas más por que no quedaban habitaciones dobles libres.
Después de un paseo de noche por el centro y una cena un poco peculiar, con animales no aptos para el consumo humano en Europa, nos fuimos a tomar la última antes de acostarnos en el pub del hostal, cuyos cocktails valían un misero euro y medio.

 Al día siguiente, nos dirigimos a la plaza de Tiananmen, después de comprar alguna cosilla por las calles y en el Día (si amigos, al lado de casa teníamos un supermercado día. Y no sólo era el nombre. Era un Día, tal cual. El logo, el aura de cutrismo, el color. Era un supermercado Día en China.) Que sepáis que la plaza es de bastante difícil acceso y que no es en absoluto la típica plaza en la que la gente, yendo de un lugar a otro, pasa por casualidad. Hay un control de metales para entrar (eso sí, de mentirijilla, de estos que te hacen dejar el bolso, pero si pasa y pita no te dicen nada)
 Creo que en general, las expectativas de grandiosidad son tales por parte de cualquier occidental (se supone que es la plaza más grande del mundo) que estoy seguro de que lo primero que todos piensan es: “vaya, pues pensaba que era más grande” Es enorme, sí, pero concibo que algún día se haga una plaza más grande. Además tiene un edificio en el medio que corta el campo visual y hace que parezcan dos plazas de tamaño medio. Aún así, es grande, por supuesto.  Ese mismo día comimos el famoso pato Pekín, que sabe a gloria y tarda una hora en hacerse y que tiene las calorías de una enana blanca: se compone de tres platos (o el pato entero y ya cada uno se apaña) divididos en la piel crujiente (Riquísimo. Gordísimo.) la pechuga y el lomo. Todo acompañado de varios guarniciones y parafernalias con las que degustarlo. También nos metimos entre pecho y espalda un plato de medusa, para ver qué tal. Fatal. Moco con soja.

 Como nos sentíamos muy chinos y muy aventureros, decidimos alquilar una bicicleta con la que ir hasta donde nos llevasen las energías a pesar de la lluvia monzónica que estaba cayendo. Aparecimos en una zona de pubs (con puesto de churros españoles incluído) donde empezó a llover de tal manera que tuvimos que guarecernos en un bar con cantautor en directo que cantaba, entre otras, una canción que os prometemos decía “chocho sin ley” repetidas veces. Seguramente sería “Chow chow xin lei” o algo así, pero bueno, es mucho mejor pensar que decía lo primero. Más tarde volviendo a casa, varios individuos se nos acercaron con el reclamo de “¿massage?”  a lo que, si uno no hacía caso, para llamar más la atención decían: “¿lady massage?”
 Supongo que supondrían que aún no estaba bastante claro de qué iba el tema, porque si aún así no se hacía caso, ya susurraban “¿lady fuck?” Esto nos paso casi todas las noches. Muy ladies serían…

 He de recordar que a lo mejor veíamos a un no-chino dos o tres veces al día y que en todo momento, todo intento de comunicación con el exterior (siendo el interior nuestro grupo de dos personas) era inútil. Incluso para preguntar precios, no normal es que la persona preguntada cogiese su móvil y marcase el precio con los números de su teléfono.

 Ante semejante estampa y ya exhaustos por tanta bicicleta, volvimos a casa a dormir lo suficiente para la que nos esperaba al día siguiente: 4 horas caminando arriba y abajo (bastante más arriba que abajo) por la Gran Muralla China.

 Esto ya será para la próxima.  En la vida real, Dani ya se ha vuelto a España y ahora sigo mi viaje en soledad.

 Escriban argo, por caridá.

jueves, 21 de julio de 2011

¡Sigo vivo!


Sé que hace unos 10 días que no escribo nada, pero os aseguro que todo tiene una explicación. De algún modo, mi cuenta en Blogger está asociada al facebook y…¡en China no se puede utilizar facebook! Lo he intentado todo: proxys falsos, urls desconocidos, sitios web de países raros… No hay modo de saltarse el bloqueo de facebook, mas que pagando una VPN (un proxy privado) que por ética, no pienso pagar.

 Así que he decidido que hasta que salga de China remitiré mis comentarios a mi querido amigo Morente, el cual los subirá de modo altruista. Por lo pronto os comentaré como han sido nuestros (de Dani y míos) primeros días en China.

 No sé si recordaréis que habíamos planeado ir a Xi´an (al centro-norte de China) al día siguiente de abandonar Hong-Kong. Sin embargo, al llegar a China, nos encontramos con que la organización no era tan buena como esperábamos y que, como nos habían advertido, NADIE habla  NADA de inglés. Cuando digo nadie, no me refiero a “nadie como en España” donde al menos todo el mundo puede decir al menos lo básico (“si”, “no”, “izquierda”, “derecha”, los números, etc…) Me refiero a que hablan inglés como en España se puede hablar japonés.
 Encontrar una ventanilla en la que nos atendiesen, nos llevó más de una hora, para finalmente descubrir que habíamos llegado en final de temporada estudiantil y que la mayoría de los billetes a cualquier sitio estaban vendidos. A Dani le entro una especie de pánico ante la posibilidad de no llegar a Shanghai para el día de su vuelo y decidió ir a Pekín en lo primero que hubiese. Y lo primero que había era un tren para el próximo día por la noche, 30 horas y sin asiento. Si, habéis leído bien, sin asiento.  
 Pero el tema del tren prefiero abordarlo en mi próximo post y centrarme en la ciudad en la que, ante la  imposibilidad de movernos, tuvimos que pernoctar.

 ¿Habéis oído hablar de Guangzhou?  Ni vosotros ni nadie. Ahora:
¿Sabéis donde está la torre de comunicación más alta del mundo?
¿Conocéis cual es la ciudad más rica y prospera de China? (y eso hablar de bastante riqueza y prosperidad)
¿Sabéis cual es la ciudad con la segunda area urbana más grande del mundo después de Tokio?
Pues la respuesta a eso y un poco más, es Guangzhou.

 Imaginad que llegáis a una ciudad que supones es un pueblecito de conexión con otras ciudades y te encuentras en una metrópolis de 20 millones de habitantes, rascacielos para aburrir, kilómetros en tren de ciudad y un aura a crecimiento ecónomico bestial. Así pasamos nuestro primer día en China.

Respecto a la comida, hablaré más adelante por falta de espacio, pero comentaros que el arroz tres delicias, los rollitos de primavera, y la salsa agridulce, son realidades de la cocina china, aunque no son muy habituales en las mesas de los comensales locales.

No quiero excederme escribiendo, así que dejaré algunos detalles por el camino. Os envío muchos besitos y abrazos y espero que al menos me escribáis un par de líneas.

PS: Al final de los posts y al lado de los mismos a la derecha, hay publicidad absurda de google. Si os sobra un segundo, clicadla y cerradla, no hace falta ni que la miréis. Creo que me dan un par de euros si llego a nosecuantos clicks. ¡No es realmente necesario, pero suena a euros fáciles!

martes, 12 de julio de 2011

Ahora llega lo bueno.



A petición de mi enorme público, aquí estoy una vez más, contandoos mis vicisitudes viajeras.

 Esta vez... ¡ya desde Hong-Kong! No es por desmerecer Londres, claro, pero no es lo mismo estar en Europa, sea en la ciudad que sea, que ir a Hong-Kong, esto es así, no lo digo yo...

 Os comentaré brevemente que en Londrés mi couchsurfer me atendió de maravilla: era una chica china encantadora que me presentó a sus amigos, me llevo a lugares que no conocía, me habló de China y consiguió que (¡por fin!) le perdiese la manía a la capital británica. No es que la odiase, pero no ha sido hasta esta vez que me ha empezado a gustar (aunque no termina de convencerme, me sigue pareciendo la tierra de lo "prohibido hacer X", siendo "X" practicamente cualquier cosa fuera de lo estipulado.

 Por cierto, me en Londres me alimenté básicamente de galletas y sandwiches. Muy sano todo.

 Pero bueno, ¿a quién le importa Londres cuando podía estar contandoos sobre mis primeros días en Hong-Kong?

 Después de un vuelo de casi 12 horas, llegué al aeropuerto de Hong-Kong (con cierto jet-lag, ya que eran 7 las horas de diferencia con Londres, 6 con España) donde un autobús (el A21, por si algún día venís) me dejó por 3 euros en la zona de alojamientos para turistas de la ciudad, llamado Tsim Sha Tsui, a 100 metros de donde nos alojábamos Daniel y yo. Por el camino conocí a una peculiar chica de unos 24 años, llamada Jessica, de Canada residiendiendo en Australia con la que pasamos el resto del día (he de admitir que era una chica realmente peculiar y hubo momentos en los que se nos hizo algo pesadita su compañía)

 La ciudad está en la época del monzón y la humedad relativa es de un 80% con temperaturas de 30 a 35 grados. El resultado es que se suda sin parar aunque se esté sentado y que en TODOS los establecimientos y zonas públicas hay aire acondicionado a unos 10 grados menos que en la calle. De verdad, pasamos frío cuando vamos al supermercado.

 La ciudad no es muy grande (unos 7 millones, muy apelotonados) pero da una sensación de grandiosismo debido a sus miriadas de rascacielos. ¿Os acordáis del rascacielos del Banco de China? Pues se ha quedado pequeñito y aunque sigue llamando la atención por su estructura, ya son muchos los edificios que le ganan en altura. La ciudad está muy cuidada y aunque por supuesto hay muchos puntos en los se cumplen las espectativas de suciedad y olor que caben esperar de una ciudad del sur asiático, en general la ciudad está completamente limpia.

 La comida es principalmente cantonesa, ya que Cantón  es la región china a la que está adherida Hong-Kong (hay que tener en cuenta que Hong-Kong ya no pertenece a China y que a pesar de su evidente influencia, tiene algunas diferencias con ella) La comida cantonesa se carácteriza por basarse principalmente en los fideos para acompañar todo y por una gran variedad de mariscos, carnes y pescados. Sin embargo, es posible encontrar comida de prácticamente todo el mundo a lo largo de la ciudad. Ayer de hecho cenamos el que sin duda para los dos (Dani y yo) fue el mejor sushi de nuestras vida. También fue el más barato.

 Os dejo por que posiblemente sea esta nuestra última noche en Hong-Kong, ya que planeábamos entrar en China mañana y hay que levantarse temprano. Os adjunto una foto de una de las vistas del skyline de Hong-Kong. Espero que aparezca, soy muy patán para estas cosas.

 Un abrazo a todos.

jueves, 7 de julio de 2011

¡Empezamos!

 Ya estoy en Madrid. Este Madrid de verano, pegajoso y que te hace pensar por qué la gente de hace siglos decidió quedarse a vivir aquí. Supongo que montaron el chiringuito en invierno. Hoy ha sido un día de terracita, de ultimar planes con Daniel (que al igual que yo se va mañana, aunque en su caso irá directamente a Hong-Kong) de mandar un par de faxes y mails, comprar el JRP (Japan Railway Pass), un pase de validez de 1, 2 o 3 semanas para viajar en practicamente cualquier medio de transporte en Japón que sale bastante bien de precio si realmente piensas moverte a menudo. En mi caso, he cogido el de una semana (el resto de mi estancia en Japón estaré varios días en un par de ciudades y no me compensará) por el precio de 240 euros. Ya os comentaré si se amortiza. Posiblemente sí, teniendo en cuenta lo caro que resulta ahora todo en Japón con la crisis, ya que si hace dos años, un euro estaba a 160 yenes (la moneda japonesa), ahora está a unos 115 yenes. Es decir, que para mi el país se habrá encarecido un 40% ¡Bien, Pablo!

 Mañana me dirijo a Londres. Muy tempranito, a las 6:30 despega el avión desde Madrid con un vuelo ryanair en el que, por primera vez en mi vida con esta compañia...¡voy a facturar! ¿Cómo será facturar con ryanair? ¿Sabrá la chica del mostrador los procedimientos o tendrá que consultarlo en su vademécum aéreo?
Por cierto que últimamente me ha entrado la neura de que en dicho vuelo me van a perder la maleta y claro, me quedo sin maleta para el resto del viaje. No me preguntéis el mótivo, pero mi sentido arácnido me indica peligro con ese vuelo.

 Al llegar a Londres, bastante tempranito y sin ser en realidad Londres sino Stansted, me dirigiré al centro para sacar algunas fotitos hasta las 17h, que será cuando quede con Lisa, que será mi "couchsurfer" en Londrés. ¿Qué es "couchsurfing"? Es una página ( www.couchsurfing.org ) en la que la gente ofrece (y uno mismo también, en la medida de sus posibilidades) su casa, su cama, su compañia o sus consejos, para el viajero perdido, con poco presupuesto, con ganas de conocer a gente o simplemente que desea que un local le aconseje algún sitio a donde ir o donde comer. Nadie está obligado a nada y todo se basa en la confiaza mutua, que se fomenta con los comentarios de la gente que conoce al sujeto, para dar más confianza a la gente que le contacte. En mi caso, iba recomendado por una amiga.

 No tengo ningún plan concreto para Londrés, aunque creo que el sábado iré a un musical en picadilly circus por lo que me comentó mi "coucher" Lisa. Ya os contaré qué tal.

 Por cierto, no lo he comentado, pero si alguien tiene algún consejo para alguno de los países en ruta, se lo agradeceré enormemente. Cualquier detallito, seguro que me viene de rechupete.

 Un abrazo a todos y comentad, malditos.

lunes, 4 de julio de 2011

Último domingo, última paella.


 Yo sigo escribiendo, y aquí me seguís leyendo. Lo que no seguís, ni empezáis, es a escribir, malditos... Si pasadas unas semanas veo que nadie escribe, por mi parte dejo esto, que por muchas ganas que tenga, sin un empujoncito, no me veo yendo a un ciber o donde se tercie a contaros mis aventuras y desventuras.

 Ayer fue domingo, y después de cocinar un par de horitas, dejarle unos tuppers a mi madre para que coma salubremente un par de semanas y me eche de menos de este modo, me he zampado una paellita de esas que te salen de rechupete (1 de cada dos) para cargarme de energía y aroma español. Para que cuando esté en medio de China o de donde sea, comiendome unos tallarines al sabor pollo en polvo, pueda sacar de mis reserva de gambitas, pollo y arroz y aguantar, como mi madre, unas semanas más.

 Lo que más me pregunta la gente no es "¿y te has vacunado?", "¿qué planes tienes?", o "¿tienes sitio?", sino "¿de dónde sacas el dinero?"  Esta es la pregunta del millón. La respuesta del millón, con la que me costearé próximos viajes, es el mundo de las becas. Por supuesto que mi madre me ayuda mensualmente desde que vivo en Madrid y eso hace que pueda ahorrar dinero (no tanto, ya que el último año he estado viviendo en Moscú y no me sobraban los rublos) sumado a que si se está al tanto, el ministerio de educación da unas becas muy jugosas. En el caso de este viaje, en lo que respecta a la parte de Australia, voy becado para un curso de inglés, con lo que puedo estar allí un mes y tener casi todos los gastos costeados.

 A mayores, os diré que lo de los viajes alrededor del mundo es más común de lo que parece, y hay muchas empresas dedicadas al negocio, ofreciendo precios muy interesante. He visto viajes de ida y vuelta a Australia bastante más caros que todos los vuelos de este viaje juntos. Para más información, tendrás que escribir un comentario, claro...

 Y un presupuesto justito, con algún Couchsurfing de por medio (esto ya lo explicaremos más adelante) como por ejemplo el de Londres, donde me quedaré en casa de una amiga de una amiga (...) china que vive en el centro de la capital inglesa. Tener un presupuesto organizado y contar con imprevistos. ¡Tener planes B es vital!

 Eso sí, la maleta la tengo todavía sin hacer...

 La próxima vez escribiré ya fuera de casa.

 Un abrazo.

sábado, 2 de julio de 2011

Y la maleta por hacer...


 Ayer tuve mi primer sentimiento de "no me da tiempo a prepararlo todo". Y es que aún no he empezado la mochila. He de decir en mi defensa que no es la primera vez que hago un viaje de un par de meses tipo mochilero y ya sé más o menos lo que necesito (y mucho más importante, lo que no necesito)

 Lo vital es el pasaporte, la tarjeta de crédito, el móvil y el cepillo de dientes. El resto es prescindible o es posible adquirirlo más adelante en el viaje. No estoy diciendo que vaya a llevar estas 4 cosas; ropa, cargadores, algún libro y cosas por el estilo también tienen cabida, pero en general tiendo a llevar el equipaje medio vacio, consciente de que comparé cosas a lo largo del camino y de que probablemente (seguro) perderé o trocaré algo durante el viaje.

 Comenzaré mi travesía este miércoles. Iré desde Coruña a Madrid. Yo soy de Coruña, y aunque llevo viviendo en Madrid unos 7 años, La Coruña siempre ha sido mi hogar y considero parte del viaje el tener que moverme hasta Madrid. A decir verdad, sólo estaré dos días, para hacer algún papeleo pendiente antes de mi partida y por que el vuelo a Londres, desde donde comienza el autentico viaje, era más barato desde Madrid. Dicho viaje a Londres está planeado para el día 8 por la mañana (muy por la mañana, sobre las 6AM ya que es con Ryanair, compañía de la que hablaremos más adelante)

 El viaje lo hago solo la mayoría, aunque dos semanas de los tres meses que dura, estaré acompañado por mi buen amigo Daniel (del cual también hablaremos más detalladamente otro día) y de algún modo, por mi amiga Vladi, una ovejita hinchable que me regalaron mis amigos hace un meses para que la llevase en mis distintos viajes y le sacase fotos en diferentes enclaves; un poco a modo del enanito de Amelie, aunque bastante más práctico, ya que a Vladi la puedo hinchar y deshinchar a conveniencia para sacar la foto y que después no ocupe espacio en el equipaje.

 El espacio en el equipaje... Tengo al lado de la maleta montones de útiles "de viaje", "minis", "compacto" y "concentrado". David el gnomo debe hacer maletas parecidas a la mía. El otro día, en una conocida cadena de supermercados, que para no hacer publicidad llamaremos Mercadoña, ví un desodorante 48 horas compacto. Ponía que duraba 72 dosis. Yo hice mis calculos: 72 veces x 2 días que dura cada dosis = 144 días. Es decir, que me compro dos al año y listo. Algún día sacarán el desodorante protección "una semana" y será el acabose. La gente dejará de ducharse y el ser humano dejará de tener poros:

 Me estoy desviando...el equipaje... Sí, Teniendo en cuenta que sólo puedo facturar 20 kilos y que no llevaré equipaje de mano (más que una bolsa con dos libros para leer en el avión) me sale que:

-Sólo llevaré un par de vaqueros a mayores de los que llevaré puestos.
-Sólo llevaré una chaqueta (que ya tengo muy enseñada en las fotos y que empieza a ser "la chaqueta de Pablo", que es como me llamo)
-Llevaré libros fotocopiados que iré dejando (en sus debidos contenedores de reciclaje) por el camino.
-Llevaré esos calcetines que ves que están a punto de salirles un tomate para deshacerme de ellos llegado el momento.
-Posiblemente lleve medio kilo de jamón envasado al vacío para, en caso de tener un día horrible en algún punto del viaje, abrirlo, zampármelo, y sentir que todo está bien.
-Cables, calzoncillos, alguna oveja hinchable y una cámara fotográfica.

 Ahora mismo me pongo a ello.

viernes, 1 de julio de 2011

5 days to go...


 Me he tirado 15 minutos delante de la pantalla pensando un título ingenioso para el blog. Lo más gracioso que se me ha ocurrido es "buallas buallas" que es como para mi mente de niño pequeño, sonaba la canción de "Desireless" de los años 80". Mi amigo Ricardo ha considerado que la gracia de este post era nula y ha decidido por mi que lo titulase en su buen francés. En mi defensa he de decir que ayer bebí.

 Este es otro de tantos blogs sobre viajes. En mi caso sobre mi viaje alrededor del mundo. Soy una persona bastante vaga en lo que a coger un papel se refiere y aunque tengo un cuaderno de bitácora, escribo de mes en mes, por lo que mis diarios terminan biodegradándose y así no vamos a ningún lado.

 Por otro lado, por culpa de facebook y otras redes nada dignas de mención, mi presencia ante la pantalla del ordenador es bastante elevada. Digamos que ahora mismo sería astronauta o presidente del planeta de no haberse inventado internet. Por ello he decidido abrir este blog: para mantener constancia de mis vivencias a modo de diario sabiendo que acudiré a menudo a la fuente donde volcar mis peripecias.

 Podría haber creado este pequeño rincón virtual con anterioridad, ya que no es el primer viaje largo que realizo. Sin embargo, es mi primera vuelta al mundo. Sí, al mundo entero. La ruta y los medios los comentaré más adelante (como veis, escribo para un público inexistente porque, por un lado espero que esto de algún modo llegue a los ojos de algún internauta (internauta,que palabra tan actual y que poco moderna suena...) y por otro tengo cierto sentimiento de sentirme observado continuamente, además de que mis propios diarios estaban escritos en este tono.

 Apenas he leído blogs, ni se como se organizan, ni sabía, hasta hace 20 minutos, como abrir uno, así que cualquier idea será bien recibida.

 A 5 días de mi partida, y a las 23:59 del 1 de julio, empiezo este blog. Mañana o pasado comentaré mis destinos, planes, equipajes y todas estas cosas que se planean con meses de antelación y que en mi caso ha sido cuestión de tres semanas.

 Un abrazo para todos, y un beso para quien lo quiera.