Y nos acercamos al final de la travesía por China.
Después de Beijing nos dirigimos a Shanghai (que Dani siempre escribía como Shangay, pobrecico) en tren. Hasta el momento habíamos usado los trenes antiguaos ya que como os había comentado, quedaban pocos billetes para todos los trenes y todos los de alta velocidad estaban comprados. Sin embargo esta vez tuvimos más suerte y conseguimos una plaza en coche-cama. He de comentar que la red de trenes de China es la mejor que he visto en mi vida. Se nota que lo construyeron todo para los juegos olímpicos del 2008 porque algunas estaciones de ciudades pequeñas se han quedado sin tanta afluencia de pasajeros y parecen estaciones por estrenar en medio de la nada. La red ferroviaria de alta velocidad (sólo alta velocidad, sin contar los trenes normales) es de 13.000 kilómetros. Eso es una burrada amiguetes. Y en esos 13.000 kilómetros, los trenes van a 300 y pico por hora.
A Dani el pobre, le tocó una familia china con bebé incluído (no había plazas para ir los dos juntos en el mismo compartimento) y dice que apenas pudo dormir y que la familia era odiosa y les deseaba la muerte. No con estas palabras, pero se veía el odio en su mirada occidental. Por cierto, en el tren nos compramos una botella de vino tinto que nos bebimos entre los dos por tan sólo 4 euros. No sé qué clase de vino sería, pero en ningún supermercado encontramos un vino tan barato…
Al llegar a Shanghai lo primero que vimos es que estaba todo mucho mejor organizado. Creemos que es por el hecho de que Shanghai es una ciudad muy avanzada pero que la pobre no es la capital, y claro, quiere destacar todo lo posible sobre Beijing. Esto lo vi porque me preguntaron más de una vez “¿y qué te pareció Beijing?” “un poco sucio, ¿no?” Creo que es la típica rivalidad Madrid-Barcelona.
Después de Beijing nos dirigimos a Shanghai (que Dani siempre escribía como Shangay, pobrecico) en tren. Hasta el momento habíamos usado los trenes antiguaos ya que como os había comentado, quedaban pocos billetes para todos los trenes y todos los de alta velocidad estaban comprados. Sin embargo esta vez tuvimos más suerte y conseguimos una plaza en coche-cama. He de comentar que la red de trenes de China es la mejor que he visto en mi vida. Se nota que lo construyeron todo para los juegos olímpicos del 2008 porque algunas estaciones de ciudades pequeñas se han quedado sin tanta afluencia de pasajeros y parecen estaciones por estrenar en medio de la nada. La red ferroviaria de alta velocidad (sólo alta velocidad, sin contar los trenes normales) es de 13.000 kilómetros. Eso es una burrada amiguetes. Y en esos 13.000 kilómetros, los trenes van a 300 y pico por hora.
A Dani el pobre, le tocó una familia china con bebé incluído (no había plazas para ir los dos juntos en el mismo compartimento) y dice que apenas pudo dormir y que la familia era odiosa y les deseaba la muerte. No con estas palabras, pero se veía el odio en su mirada occidental. Por cierto, en el tren nos compramos una botella de vino tinto que nos bebimos entre los dos por tan sólo 4 euros. No sé qué clase de vino sería, pero en ningún supermercado encontramos un vino tan barato…
Al llegar a Shanghai lo primero que vimos es que estaba todo mucho mejor organizado. Creemos que es por el hecho de que Shanghai es una ciudad muy avanzada pero que la pobre no es la capital, y claro, quiere destacar todo lo posible sobre Beijing. Esto lo vi porque me preguntaron más de una vez “¿y qué te pareció Beijing?” “un poco sucio, ¿no?” Creo que es la típica rivalidad Madrid-Barcelona.
Después de hacer el check-in en nuestro hotel que estaba en una de las calles principales de la ciudad, intentamos comprar mi billete para Japón para así poder organizar mejor mi agenda. El puerto internacional estaba en la loma del monte y al llegar allí, entramos en el edificio, y al hablar con la persona en recepción (sólo había dos personas en todo la planta baja de un edificio enorme) sucedió lo siguiente:
(Transcrito al español lo más exacto posible)
-Pablo: Hola. ¿Para comprar billetes a Japón?
-Recepcionista: ¿Qué?
-P: Billetes. Japón.
-R: Mmmm. No. No.
-Pablo(con la paciencia adquirida en China): A ver, esto es la terminal internacional de barcos, ¿verdad?
-R: Mmmmm…Sí.
-P: ¿Y donde puedo comprar billetes para un ferry?
-R: Pues… no sé… ¿A dónde vas?
-P: A Osaka.
-R:¿Osaka?
-P: Japón.
-R: ¿¿Japón?? ¡Uy, uy! ¡No, no!
-P: No, no, ¿qué? Si no es aquí, ¿Dónde los compro?
-R: Pues no sé… Pregunta cerca de aquí, a ver…
-Pablo(pensando si por un casual se habría equivocado de edificio): A ver, este edificio que sale en la foto (señalando en un mapa una foto del edificio de la terminal) ¿es este en el que estamos?
-R: Pues… Un poco si que se parece, la verdad…
-P: Ya… Bueno, mira… Da igual… Gracias.
-R: ¡De nada!
Dani decía que esto es como si a una chica que trabaja en el aeropuerto de Madrid te dice “¿Qué si es esto el aeropuerto? Uy, pues no sé… Yo aquí sólo pongo cafés… Es que no me fijo en esas cosas”
Al final conseguí el billete, pero tardé varias horas.
En Shanghai comimos un par de veces en una especie de área de descanso en un centro comercial, donde se podían comer cosas de diversos puestos y consumirlas en cualquiera de las mesas disponibles (que eran muchas, como también eran muchos los chinos que las rondaban y por eso tuvimos que comer de cuclillas la primera vez) El sistema para pedir en este tipo de lugares en China (muy habituales) es el siguiente: se pide lo que se quiere en caja y con el ticket se va por el puesto o puestos entregando lo que se haya pedido. Como no podíamos hablar con la cajera, los chinos, listos ellos, tenían unas tarjetitas con los nombres o fotos de las cosas para entregarle a la cajera. Para algunas cosas que no tenían dicha tarjeta y queríamos pedir, optamos por sacarles fotos y enseñárselas a la cajera.
En Shanghai principalmente fuimos de compras. No es una ciudad particularmente chinorresca. Rascacielos, calles cuidaditas y un centro bastante limpio es lo que conforma hoy en día el centro de la ciudad. No hubo ninguna queja al respecto, ya que a Dani le gusta la comodidad y yo la recibía con los brazos abiertos sabiendo que me esperaban días moviditos más tarde. En nuestra calle se concentraban la mayoría de las tiendas y mientras Dani se fue a una boutique a buscar algo para sus familiares, yo me puse a caminar por la calle. En Shanghai hay un mercado negro enorme de falsificaciones y a cada paso que se da siendo extranjero, se le acercan a uno vendedores, todos con una especie de folio con fotos de productos(que no dejaban fotografiar), plastificado y en buen inglés, mientras que la persona grita: “bags, bags, watches, watches!” Era como un mantra a lo largo de toda la calle. Como yo soy como soy y me gusta meterme donde no debo, me fui con uno a ver a donde me conducía. Anduvimos unos 5 minutos hasta llegar a una zona de casas semi-chabolistas. Cuando ya pensaba en si podría vivir con sólo un riñón, mi acompañante llamó a la puerta y al abrir, apareció ante mí una tienda blanca inmaculada, bien iluminada y llena de cientos de copias de todas las marcas. Como hacía un par de semanas que había dado muerte a mis converse falsas anteriores (es una tradición para mi tener siempre unas converse falsas. ¡No es fácil!) decidí comprarme unas nuevas por 9 euritos (con “you say how much” y paripé de hacer que me voy incluídos)
Tras este “estresante” día, decidimos rematar la faena con un masaje de una horita. Los chinos consideran que los masajes es algo que uno hace por salud, y no como un medio para relajarse. Por eso, a menudo las masajistas no paran de hablar y es difícil relajarse. Fui dos veces a hacerme un masaje en China y en las dos, las masajistas no paraban de hablar, ya fuese conmigo (intentándolo en chino) o entre ellas.
Tras Shanghai, Dani partió para España . Aquí os adjunto un video de nuestro última día a modo de resumen y despedida a Daniel, a quien echo bastante en falta en mi viaje.
Aproveché mis últimos días en China para quedar con un amigo americano que casualmente se encontraba en China en un curso de verano.
Decidimos ir a ver el mundo rural chino y nuestra elección fue la región de Hunan, en el interior oriental del país. Allí escalamos el Tai´an, la montaña más sagrada para el taoísmo, a la que peregrinan millones de chinos cada año. El paisaje era idéntico al de las montañas que aparecían en Dragon Ball cuando Son Goku era pequeño, altas y redondeaditas.
Tras pasar un agradable fin de semana y volviendo a Shanghai, resulta que hubo un accidente de tren en el que por lo visto murieron unos cuantos chinos (no sé si la noticia llegaría a España, por lo tanto) y mi tren se retrasó 4 horas. Como ya me olía la tostada y veía que no iba a llegar para coger el barco a Japón a la mañana siguiente, me meti en un tren que iba antes que el mío a Shanghai. Jugué bien mis cartas de viajero indignado/despistado y me dejaron ir en ese tren, en clase bussiness.
Llegué pues a tiempo para coger el barco que me llevaría a mi siguiente destino, Japón.
Pero esto, como os imaginaréis, será en el próximo blog. ¡Un abrazo a todos y comentad si podéis!
¡Es broma! ¡Si no comentáis os odiaré de por vida!
-Pablo: Hola. ¿Para comprar billetes a Japón?
-Recepcionista: ¿Qué?
-P: Billetes. Japón.
-R: Mmmm. No. No.
-Pablo(con la paciencia adquirida en China): A ver, esto es la terminal internacional de barcos, ¿verdad?
-R: Mmmmm…Sí.
-P: ¿Y donde puedo comprar billetes para un ferry?
-R: Pues… no sé… ¿A dónde vas?
-P: A Osaka.
-R:¿Osaka?
-P: Japón.
-R: ¿¿Japón?? ¡Uy, uy! ¡No, no!
-P: No, no, ¿qué? Si no es aquí, ¿Dónde los compro?
-R: Pues no sé… Pregunta cerca de aquí, a ver…
-Pablo(pensando si por un casual se habría equivocado de edificio): A ver, este edificio que sale en la foto (señalando en un mapa una foto del edificio de la terminal) ¿es este en el que estamos?
-R: Pues… Un poco si que se parece, la verdad…
-P: Ya… Bueno, mira… Da igual… Gracias.
-R: ¡De nada!
Dani decía que esto es como si a una chica que trabaja en el aeropuerto de Madrid te dice “¿Qué si es esto el aeropuerto? Uy, pues no sé… Yo aquí sólo pongo cafés… Es que no me fijo en esas cosas”
Al final conseguí el billete, pero tardé varias horas.
En Shanghai comimos un par de veces en una especie de área de descanso en un centro comercial, donde se podían comer cosas de diversos puestos y consumirlas en cualquiera de las mesas disponibles (que eran muchas, como también eran muchos los chinos que las rondaban y por eso tuvimos que comer de cuclillas la primera vez) El sistema para pedir en este tipo de lugares en China (muy habituales) es el siguiente: se pide lo que se quiere en caja y con el ticket se va por el puesto o puestos entregando lo que se haya pedido. Como no podíamos hablar con la cajera, los chinos, listos ellos, tenían unas tarjetitas con los nombres o fotos de las cosas para entregarle a la cajera. Para algunas cosas que no tenían dicha tarjeta y queríamos pedir, optamos por sacarles fotos y enseñárselas a la cajera.
En Shanghai principalmente fuimos de compras. No es una ciudad particularmente chinorresca. Rascacielos, calles cuidaditas y un centro bastante limpio es lo que conforma hoy en día el centro de la ciudad. No hubo ninguna queja al respecto, ya que a Dani le gusta la comodidad y yo la recibía con los brazos abiertos sabiendo que me esperaban días moviditos más tarde. En nuestra calle se concentraban la mayoría de las tiendas y mientras Dani se fue a una boutique a buscar algo para sus familiares, yo me puse a caminar por la calle. En Shanghai hay un mercado negro enorme de falsificaciones y a cada paso que se da siendo extranjero, se le acercan a uno vendedores, todos con una especie de folio con fotos de productos(que no dejaban fotografiar), plastificado y en buen inglés, mientras que la persona grita: “bags, bags, watches, watches!” Era como un mantra a lo largo de toda la calle. Como yo soy como soy y me gusta meterme donde no debo, me fui con uno a ver a donde me conducía. Anduvimos unos 5 minutos hasta llegar a una zona de casas semi-chabolistas. Cuando ya pensaba en si podría vivir con sólo un riñón, mi acompañante llamó a la puerta y al abrir, apareció ante mí una tienda blanca inmaculada, bien iluminada y llena de cientos de copias de todas las marcas. Como hacía un par de semanas que había dado muerte a mis converse falsas anteriores (es una tradición para mi tener siempre unas converse falsas. ¡No es fácil!) decidí comprarme unas nuevas por 9 euritos (con “you say how much” y paripé de hacer que me voy incluídos)
Tras este “estresante” día, decidimos rematar la faena con un masaje de una horita. Los chinos consideran que los masajes es algo que uno hace por salud, y no como un medio para relajarse. Por eso, a menudo las masajistas no paran de hablar y es difícil relajarse. Fui dos veces a hacerme un masaje en China y en las dos, las masajistas no paraban de hablar, ya fuese conmigo (intentándolo en chino) o entre ellas.
Tras Shanghai, Dani partió para España . Aquí os adjunto un video de nuestro última día a modo de resumen y despedida a Daniel, a quien echo bastante en falta en mi viaje.
Aproveché mis últimos días en China para quedar con un amigo americano que casualmente se encontraba en China en un curso de verano.
Decidimos ir a ver el mundo rural chino y nuestra elección fue la región de Hunan, en el interior oriental del país. Allí escalamos el Tai´an, la montaña más sagrada para el taoísmo, a la que peregrinan millones de chinos cada año. El paisaje era idéntico al de las montañas que aparecían en Dragon Ball cuando Son Goku era pequeño, altas y redondeaditas.
Tras pasar un agradable fin de semana y volviendo a Shanghai, resulta que hubo un accidente de tren en el que por lo visto murieron unos cuantos chinos (no sé si la noticia llegaría a España, por lo tanto) y mi tren se retrasó 4 horas. Como ya me olía la tostada y veía que no iba a llegar para coger el barco a Japón a la mañana siguiente, me meti en un tren que iba antes que el mío a Shanghai. Jugué bien mis cartas de viajero indignado/despistado y me dejaron ir en ese tren, en clase bussiness.
Llegué pues a tiempo para coger el barco que me llevaría a mi siguiente destino, Japón.
Pero esto, como os imaginaréis, será en el próximo blog. ¡Un abrazo a todos y comentad si podéis!
¡Es broma! ¡Si no comentáis os odiaré de por vida!
Genial el video,por favor...a partir de ahora en vez de escribir tanto,videos,videos!!!!jajajaja
ResponderEliminarJo, Pablete, me ha encantado ver el vídeo. Es una sensación rara, porque mi cerebro tiende a ubicar la escena en la calle Torreiro, jaja, pero claro, hay demasiados chinos y ello desconcierta...
ResponderEliminarBuenísima actualización. La verdad es que te lo estás currando, y no veas cómo se agradece, porque muchísimas de estas anécdotas que cuentas quedarían sepultadas en el olvido de no haberlas anotado y hecho públicas en este blog. Muchas gracias, guapetón.
Un beso.
Cómprate camisetas nuevas, hombre!
ResponderEliminarSi me envías unas converse falsas junto con la postal tampoco me voy a quejar.. ahí lo dejo!
ResponderEliminarNoelia
Muy guapo, Pablo! Tú y el vídeo. Pero limpia a cámara mi má!
ResponderEliminar"Seiscientas personas mueren al día atropelladas o... o similares"
Una curiosidad tonta que tengo, ¿qué es similar a morir atropellado?
Bea P.
Me puedes explicar cuando vas a actualizar , que estamos deseandito....
ResponderEliminarMadre mia, hasta Chenoa lee mi blog!
ResponderEliminarPues querida Chenoa, te dire que voy a actualizar manhana. No he tenido acceso a ningun punto wifi, sin el cual no me puedo conectar con mi ordenador, que es desde donde escribo mis cositas. El resto de veces me conecto desde cibers, pero los teclados japoneses no tienen tildes ni enhes.
Pablete.
Bea, decirte que la camara se jodio, asi que ahora tengo una nueva y muy limpita. Respecto a lo de "o similares" era que el dato se referia a muertos en accidentes con peatones, no se si solo cuentan a los peatones, si tambien a conductores que se estrellas, algun peaton que muere del susto, etc... Que quisquillosos sois!
Manhana supuestamente tengo reserva en un hostal con internet wifi y actualizare.
jajajaj, enoooormeeee!! gayplanet for ever!!! la historia de amor de los leones.... no tengo paroleeee, das muy bien en cámara. Un besote!!!
ResponderEliminarMe hizo sonreír la conversación en el terminal de barcos. No se cuantas veces me ha pasado esto en China. A menudo los funcionarios chinos responden a las preguntas mas sencillas con una lógica inexplicable (de un punta de vista occidental). Debo admitir que me resulta mas gracioso si le pasa a otro...
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