domingo, 14 de agosto de 2011

Luces, camaras... ¡Japón!





¡Hola de nuevo, jovenzuelos!

Sé que hace ya bastante que no actualizo, pero todo tiene su explicación. He estado moviéndome de una ciudad a otra en Japón y no he tenido acceso a ningún punto wi-fi, por lo que no me he podido conectar desde mi ordenador para actualizar y transmitiros mis pizpiretas aventuras.

¡Tengo un montón de cosas que contaros!

 Os había dejado a puntito de coger mi ferry con destino a Japón. El ferry partía de Osaka a las 9 de la mañana y ya que mi tren de la noche anterior se había retradado, pasé las 5 o 6 horas que tenía de espera en la estación de trenes para ahorrarme una noche de hostal. La estación estaba perfectamente aclimatada y era muy acogedora para echarse un par de horas, tanto que hasta los mosquitos se sentían muy a gusto y campaban a sus anchas por toda la estación. El resultado fue que cuando me desperté, tenía todo el cuello y las piernas con un montón de picaduras. Rascándome sin parar, llegué al puerto internacional y subí al barco después de pasar el control de aduana. Mi camarote era de 4 personas, y en el íbamos un japonés, un chino, un holandés llamado Bart (recordad su nombre porque aparecerá más veces) y yo. En todo el barco seríamos unos 6 no-asiáticos. La travesía duró 2 días y he de decir que fue la transición perfecta para pasar de China a Japón. El puerto de Shanghai es el más contaminado que he visto en mi vida. En general, China está contaminadísima, y ciudades pequeñas se han convertido de repente en grandes ciudades y no han sabido moderar su contaminación. He estado en Nueva Delhi y en México, que se suponen las dos ciudades más contaminadas del mundo y os puede asegurar que en China ya hay ciudades más contaminadas aún, irrespirables. El mar de Shanghai no iba a ser menos y durante unas 3 horas, lo único que vimos fueron aguas llenas de combustible y de un color marronuzco que nunca había visto cubriendo un mar entero.  A medida que nos fuimos alejando, el agua se aclaró y entramos en alta mar, sin ver ni rastro de tierra en ninguna dirección. Cansado como estaba de haber dormido poco en la estación, me fui a dormir temprano para al día siguiente madrugar y no perderme el desayuno (que era gratis, como a mi más rico me sabe) y sacar algunas fotos. Sin embargo, horror. Mi cámara se había estropeado por la humedad en el monte Tai´Shan(ver post anterior) y no se encendía, así que sólo pude sacar algunas con la cámara del móvil. Me quedará grabado el momento en el que, al salir a cubierta por la tarde al segundo día, avistamos tierra y dijimos “eso de allí, es Japón.” Me pareció una manera muy bonita de llegar a un país.

  Los dos días transcurrieron con calma, hablando con los otros europeos y con dos pasajeras japonesas muy simpáticas que nos invitaron a una sesión de karaoke, situado en el barco y un par de cervezas diciéndonos que “eran encargadas de darnos la bienvenida a Japón”
 La cosa ya pintaba bien y al llegar a Japón y tras pasar un control bastante exhaustivo de aduana, nos fuimos (las japonesas, Bart (¡acordaos de él!), otro chico francés y yo) al centro, donde intercambiamos facebooks y nos despedimos.

 Sin tener muy claro que hacer ese día y sin un hostal reservado, dejé mi equipaje en unas taquillas y, guía en mano me puse a callejear un poco. No fue fácil, porque después de dos días en el barco, notaba que seguía moviéndome un poco al andar y me mareé bastante.  Fue así a lo largo del día y cada vez fue a peor por el cansancio, además de que aún no asumía que estaba en Japón.

 Lo primero que hice fue ir a reparar mi cámara de fotos. Al lado de la estación de trenes de Osaka hay un macro-ultra departamento de electrónica de unas 10 plantas. Lo describiría como  un “exceso de información”: todos las paredes estaban llenas de anuncios de productos, se oían montones de promociones por el altavoz y lucecitas y colores por doquier. La verdad es que llegaba saturar y este sentimiento se repitió muchas veces en muchos locales hasta que terminé por acostumbrarme (nunca del todo)

                            


 Después de dar algunas vueltas, sorprendí a un dependiente por decirle que quería “reparar una cámara”. Al momento me dijo que la tirase y comprase una nueva, lo que ya era un prólogo del consumismo absoluto que me iba a tocar vivir las próximas semanas. Pensando que no tenía la garantía conmigo, que la marca era coreana y que la había comprado en Rusia, me olía que poco había que hacer y decidí hacerle caso. Para gozo mío y de mi bolsillo, la cámara salió a la mitad de precio de lo que me habría costado en España.

 Con cámara en mano, fui a dar unas vueltas por Osaka: subí a un rascacielos para captar una panorámica de la ciudad y fui al castillo de Osaka, un poco decepcionante por el hecho de que era muy evidente que había sido construido hacía pocas décadas. En el parque de los alrededores decidí sentarme a comer en un puesto de “takoyaki” una de las delicias gastronómicas de la región de Kansai (que agrupa Osaka, Kyoto, Nara y Kobe, entre otras) Los “takoyaki” son una especie de croquetas de pulpo, con algo más de sabor a huevo, y cubiertas con una salsa bastante rica. Llenan bastante y es bastante curioso ver como las hacen en una plancha con huecos para cada una de las bolas, donde se van cociendo y cogen forma.

                                    

 Paseando por las típicas calles de luces de neón, me encontré con un cíber y decidí entrar para reservar un hostal para esa noche (efectivamente, llegué a Japón sin tener reserva). El cíber en cuestión valía 6 euros la hora (en España suele vale 1- 1,5 euros) Eso sí, iba los 50 megas reales que se suponen que comparten con la familia Pérez de Ya.com. Busqué un hotel céntrico y cogí un metro hacía allí. Tanto en el metro como en cualquier sitio al que iba y pedía ayuda, la gente era, como nos esperamos de los japoneses, muy amable. Si preguntaba por una dirección, solían acompañarme hasta algún lugar cercano y directamente llevarme andando, aunque se desviasen de su ruta por ello; y si la pregunta era sobre cómo comprar un billete de metro o similares, me diría qué botones tendría que presionar (me he fijado en que nunca los pulsan por mi). Si no hablase nada de inglés o lo hablase mal, me pediría perdón varías veces (algo que, para bien o para mal, pasó bastante) En general, piden perdón por todo: por chocar contigo, cuando vas a pagar, por no hablar bien inglés, porque se supone que no han sido suficientemente rápidos, por cruzarse en tu camino en un lugar poco frecuentado, etc… Son muy ceremoniosos y al final, uno acaba entrando en la dinámica y pide perdón por todo también.

  Dormí en una habitación privada muy baratita que parecía la de Nobita, de 8 metros cuadrados.  Muy temprano, en parte porque el mareo por el barco ya era considerable, y para estar fresco al día siguiente, en el que me dirigía a Kyoto, en la que reservé hotel (esta vez sí) para dos noches, aunque me terminaría quedando 4 de lo mucho que me gustó.

                                                          

 Curiosamente, vuestro amigo Pablo es tan simpático y popular, que tiene amigos hasta en Kyoto. Efectivamente, cuando vivía en Moscú, daba clases de ruso en un grupo en el que había 6 japonesas que felizmente corrompían mi acento ruso. El caso es que cuando les dije que iba a Japón, se pusieron muy contentas y se acercaron a Kyoto (dos de ellas vivían a unos 70 kilómetros) el día que llegaba para enseñarme la ciudad.

 Pero eso será en el próximo blog, el cual os aseguro que será muy,muy prontito, ¡esta vez no os haré sufrir!

¡Un abrazo para todos y un mojón para los que leéis y no escribís!

Pablete.

8 comentarios:

  1. Envidia que das , y me has dejado con ganas de más...

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  2. En el Achán, las láminas de suchi han pasado de cuastar 16 a 22 rublos. La indignación ha sido generalizada.

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  3. Joder iba a leer lo de Pablo en Japón y me veo esta noticia del Achán. Qué putada. ¿Los pelmenis subieron también de precio?

    Gallego, estás loco, yo voy a Japón sin reserva y me cago encima del miedich.

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  4. Pa esta mierda me comentais?
    Y las fotos que? Son con mi nueva supercamara! A que molan!?

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  5. Bueno bueno... el Achán está irreconocible, están haciendo reformas, poniendo todo organizado de otra forma y es un lio, tardas casi el doble en comprar. Pero las cámaras frigoríficas que están poniendo parecen más fiables.

    Ah! Y ahora han puesto cajeros dentro de la tienda y también un sitio donde puedes dejar tu carro lleno para ir a comprar a otras tiendas antes de pagar. Rusia avanza.

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  6. Me ha encantado la habitación de Nobita, no has probado a dormir en alguna capsula?

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  7. Pablo, sabes que el karma te hara pagar todo esto en forma de tia que te deja a dos velas a ultima hora de la noche, no?

    Aun asi, muy fuerte el Ashan (me encanta que le llames Achan)...

    Noelia, el si estuve en una capsula o no llega en unos 4 posts. No adelantemos eventos!

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  8. Con este blog nos animas a lanzarnos a la avebtura, se puede viajar sin reservar hotel?? pues parece que si, y al final todo se arregla. un besazo

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