¡Hola niños, jóvenes y mayores! Os escribo este post
pequeñito para que no se os haga larga la espera. Han llegado a mis oídos casos
de gente que no puede dormir esperando a mis actualizaciones y eso no puede
ser. No, no.
Así que os contaré como empecé en el mundo rural japonés, en la costa noroeste de Japón, donde todo lo que hay son pueblos y más pueblos. Matsue por ejemplo, es uno de ellos y la verdad es que no tiene nada representativo, aparte de un castillito, un puente muy grande y unas tapas de alcantarilla muy bonitas (si, en Japón decoran hasta las tapas de alcantarilla. Imaginaos que amor al detalle deben de tener) Era la gente lo que hacía que me diese cuenta que no estaba en una ciudad principal.
Si en ciudades de más de un millón de
habitantes como Osaka, la gente se sorprendía de que fuese español, en Matsue
directamente entraban en un estado de shock y empezaban a convulsionar como si
estuviesen viendo un ataque de Pikachu por televisión. Me levanté temprano e
hice el check-out, que básicamente fue dejar la llave en un cajetín, ya no
había nadie en el hotel cuando me fui (¡viva la seguridad en Japón!)
Me eché un paseo por la ciudad, hasta que un japonés me abordó y me preguntó que a dónde quería ir, así que le dije que iba al castillo. El señor en cuestión, que debía tener unos 70 años, consideró que el castillo estaba muy lejos (estaba a unos 20 minutos andando, pero claro, para el señor sería como un peregrinaje) por lo que me recomendó coger el bus que pasaba por allí en ese momento. Como no quería mandar al señor a freír sushis, por miedo a infartarle y tardar aún más, me subí al bus. No sé si fue porque me explicó en qué parada me tenía que bajar en un limitado inglés o porque tampoco le estaba haciendo mucho caso, que terminé saliendo de la ciudad, por lo que me empezó a dar en la nariz que me había pasado del castillo que estaba en el centro del pueblo. Me bajé del bus (que además en Japón se paga al salir, pagando según las paradas que hayas recorrido) e indicándome por la orientación de las estrellas o por inspiración del espíritu Santo, conseguí de algún modo llegar a una estación de buses que me llevase a algún lado.
Decidí ir directamente a Izumo, que estaba
en mi lista, donde había un templo importante, con una llamativa cuerda hecha
de pequeñas hebras (la que veis en la foto, bajo el tejado. Supuestamente servía
para alejar malos espíritus) Como me sentía impuro ese día, recé un poquito en
el templo. En los templos japoneses, al rezar, se ha de realizar dos reverencias,
echar una moneda en un cubículo destinado a ello, dar dos palmadas, volver a
inclinarse, no vaya a ser que uno no haya reverenciado bastante y rezar. En
Izumo, sin embargo, se han de dar cuatro palmadas para llamar la atención del
espíritu protector.
Protegido como estaba, me fui a dar una vuelta por las premisas del templo, al cual no se podía acceder porque unos jovenzuelos estaban encerándolo en ese momento con los ropajes que veis en la foto. No podían hacerlo en chándal, no.
Entre las hebras que conformaban la
cuerda de la entrada del templo, encontré montones de monedas al alcance de mi
mano. Como estaba a principios de mes, no cogí ninguna. Me fijé en que mucha
gente lanzaba monedas contra la cuerda y según una señora de allí me explicó
que si se quedaba enganchada, el espíritu me protegería (¿¿más??) Como a mí las
chorradas me van a tope, me puse a lanzar una monedita hasta que se quedó
enganchada. Hiperprotegido contra cualquier peligro y adversidad volví a
Mastue, donde por fin vi el castillo, el puente y demás, y me dirigí antes de
que terminase el día a Kanazawa, a dónde llegaría a la 1am sin tener nada
reservado. ¿Qué pasaría? Lo sabremos la próxima vez.
Abrazos, besos y lametones.
Así que os contaré como empecé en el mundo rural japonés, en la costa noroeste de Japón, donde todo lo que hay son pueblos y más pueblos. Matsue por ejemplo, es uno de ellos y la verdad es que no tiene nada representativo, aparte de un castillito, un puente muy grande y unas tapas de alcantarilla muy bonitas (si, en Japón decoran hasta las tapas de alcantarilla. Imaginaos que amor al detalle deben de tener) Era la gente lo que hacía que me diese cuenta que no estaba en una ciudad principal.
Me eché un paseo por la ciudad, hasta que un japonés me abordó y me preguntó que a dónde quería ir, así que le dije que iba al castillo. El señor en cuestión, que debía tener unos 70 años, consideró que el castillo estaba muy lejos (estaba a unos 20 minutos andando, pero claro, para el señor sería como un peregrinaje) por lo que me recomendó coger el bus que pasaba por allí en ese momento. Como no quería mandar al señor a freír sushis, por miedo a infartarle y tardar aún más, me subí al bus. No sé si fue porque me explicó en qué parada me tenía que bajar en un limitado inglés o porque tampoco le estaba haciendo mucho caso, que terminé saliendo de la ciudad, por lo que me empezó a dar en la nariz que me había pasado del castillo que estaba en el centro del pueblo. Me bajé del bus (que además en Japón se paga al salir, pagando según las paradas que hayas recorrido) e indicándome por la orientación de las estrellas o por inspiración del espíritu Santo, conseguí de algún modo llegar a una estación de buses que me llevase a algún lado.
Protegido como estaba, me fui a dar una vuelta por las premisas del templo, al cual no se podía acceder porque unos jovenzuelos estaban encerándolo en ese momento con los ropajes que veis en la foto. No podían hacerlo en chándal, no.
Abrazos, besos y lametones.
Como miman todo detalle , que gusto da.
ResponderEliminarAnónima Chenoa!
ResponderEliminarNo te habrás saltado el anterior post?
Te lo acabo de comentar...
ResponderEliminarun besote grande
Mira tú que bien te lo pasaste por el Japón rural! Sin embargo la foto parece más una ciudad Industrial con la ría de Bilbao bajo sus pies... Curioso concepto de ruralidad tienen ellos, o tú, vete a saber!Lo de las alcantarillas me ha fascinado! que metáfora más bonita de los deshechos humanos! Bueno Pablusqui, estarás contento, eh? venga sigue así, estoy deseosa de leer el desenlace de tu hotel. Un patselui!
ResponderEliminarLas frases: "Hiperprotegido contra cualquier peligro y adversidad" y "Como estaba a principios de mes, no cogí ninguna..." me han encantado!
ResponderEliminarUn besote
Jajajaja, post exprés, qué diver. No te había leído, que si no sabes que mi post sería de los primeros, como el de anónima chenoa. Me encanta la cuerda, no me puede gustar más. Y me encanta Japón, es algo tela... no veo la hora de ir. ¡Con suerte podríamos ir juntos! Y con Anínima Chenoa si se apunta. D
ResponderEliminarAnínima?¿?¿ jaja, me gusta.
ResponderEliminarPara limpiar la impureza de tu puntuación deberías haberte quedado en el templo a vivir... cochino!!
ResponderEliminary no resulta duro estar en un país donde no existe ni un solo tio velludo?, para los amantes de los osos postea una fotazo de un tiazoooo
ResponderEliminar