¡Hola, potenciales comentadores de mi blog!
¡Aquí estoy una semana más contándoos mis alocadas e hilarantes aventuras a lo
largo, ancho y alto del mundo!
Me había despedido cogiendo el tren en mitad de la madrugada desde Fukuoka, un poquito alegre por el alcohol de la barra libre de esa misma noche, que afortunadamente me iría bajando durante en el viaje de unas 2 horas en tren a Hiroshima, a donde quería ir especialmente ese día ya que se celebraba un evento conmemorado a nivel mundial: el aniversario del lanzamiento de bomba atómica en Hiroshima.
Os adelanto desde ya que sin duda fue uno de los días de mi vida. Al llegar, sobre las 8am, podía notarse que toda la ciudad estaba paralizada por el evento y miles de personas salían de los distintos trenes provenientes de otras ciudades para asistir a la ceremonia, que se realizaba en el “Parque en Memoria a la Paz”, donde se alza el cenotafio ( el arquito que veis
en la foto) en memoria de todos aquellos que fallecieron
a causa de la bomba. Al llegar a la plaza, donde se encuentra la famosa “cúpula de la bomba” (el edificio de la
foto principal, que milagrosamente fue de los pocos que quedó en pie a pesar de
encontrarse a escasos metros de la explosión),
contemplé como toda la plaza (y es bien grande) vi que estaba repleta de gente, con sillas
y humidificadores bien distribuidos y organizados, como cabe de esperar de
Japón, mientras diversos mandatarios mundiales expresaban sus opiniones en contra del armamento
nuclear y recordaban la gran pérdida que Hiroshima sufrió en 1945. El evento
este año tuvo incluso más importancia tras lo sucedido en las centrales nucleares
de la región de Fukushima. Tras la ceremonia, que duró un par de horas y que a
su vez se televisaba a través de cientos de pequeñas pantallas colgadas de
árboles y postes alrededor de la plaza me
intenté acercar al cenotafio y se ve que, en ese mismo instante, miles de
japoneses tuvieron la misma idea, porque la cola fue de media hora por lo
menos, bajo un pletórico sol que ese día decidió subir hasta los 35 grados. En
un momento dado me di la vuelta y saqué una foto, para que os hagáis una idea
de la marabunta de japoneses que me seguían.
Antes de llegar, unas chicas se acercaron a mí y al ver que no tenía nada que dejar a los pies del cenotafio, me dieron una rosa para que la dejase allí. Había mucha gente como voluntaria y varios puestos a los que me acerqué porque vi que en uno de ellos daban vasos de agua (gratis) por lo que arramblé con todo japonés que se pusiese por delante hasta llegar a los distintos tenderetes de lo gratis que rodeaban la plaza en busca del líquido primordial y un poco de información. En los diversos puestecitos, había actividades para niños, para mayores, información de todo tipo y varios con papeles de colores que servían para crear grullas de papel. Las grullas de papel son un símbolo de paz y se supone que a aquel que logre hacer 1.000 de las dichosas grullitas, se le concederá un deseo. Yo he de decir que hice dos con bastante esfuerzo y porque tenía un japonés que me decía lo que tenía que hacer en todo momento. Con las grullas de todo el mundo se formaban cadenas de grullas de vistosos colores que se iban dejando por la ciudad adelante. Muy rollo Art Attack.
Mientras andaba pululando entre puestos, se me acercó una camada de niños de unos 10-11 años y en un inglés muy básico me dijo uno de ellos que eran del colegio “Nagatsuka” (pues eso, un colegio) y que ese día tenían que intentar que todos los turistas recordasen ese día y todo lo sucedido. Para hacerlo aún más mono, me entregó una paloma de la paz de
papel pintada por ellos (la de la foto) que aún guardo. Quiero
recordar que todo esto, estando allí, se vivía como un gran conjunto de gente
dando un mensaje de paz y que en todo momento el ambiente era de cierta
alegría. Al lado de la plaza se encuentra el Museo de la Memoria, en el que ese
día se encontraban testimonios vivientes de la gente que estaba en los
alrededores de Hiroshima cuando la bomba estalló y lo vio con sus propios ojos.
Todos tenían en torno a 80 años (80 años japoneses, que son bastante vitales) y
tenían un inglés muy limitado pero bastante entrañable. Todos pedían mil
disculpas por su pobre inglés y hablaban muy despacito, perdiéndose entre los
papeles que tenían para organizar su discurso. Nos contaron cómo sobrevivieron
a la bomba, cómo lo que más recordaban todos era una lluvia negra tras la bomba,
a causa de las cenizas de todo lo volatilizado y como veían a la gente en la
ciudad a la que, literalmente, la piel se le caía a tiras. Me siento afortunado
de haberles podido escuchar, sobre todo teniendo en cuenta que quizá en unos
pocos años no quedé nadie para contar algo así.
Salí del recinto de la ceremonia y decidí pasear un poco por la ciudad. Lejos de parecer una ciudad depresiva y totalmente centrada en la tragedia, Hiroshima era una ciudad con un aire muy positivo y que se reconstruyó en pocos años dando lugar a una ciudad moderna y bastante bonita, he de decir. Como decían ellos “nos dijeron que tras la bomba, ninguna planta volvería a crecer en Hiroshima y sin embargo, con nuestro esfuerzo, hoy es una bonita ciudad llena de árboles”
Me había despedido cogiendo el tren en mitad de la madrugada desde Fukuoka, un poquito alegre por el alcohol de la barra libre de esa misma noche, que afortunadamente me iría bajando durante en el viaje de unas 2 horas en tren a Hiroshima, a donde quería ir especialmente ese día ya que se celebraba un evento conmemorado a nivel mundial: el aniversario del lanzamiento de bomba atómica en Hiroshima.
Os adelanto desde ya que sin duda fue uno de los días de mi vida. Al llegar, sobre las 8am, podía notarse que toda la ciudad estaba paralizada por el evento y miles de personas salían de los distintos trenes provenientes de otras ciudades para asistir a la ceremonia, que se realizaba en el “Parque en Memoria a la Paz”, donde se alza el cenotafio ( el arquito que veis
Antes de llegar, unas chicas se acercaron a mí y al ver que no tenía nada que dejar a los pies del cenotafio, me dieron una rosa para que la dejase allí. Había mucha gente como voluntaria y varios puestos a los que me acerqué porque vi que en uno de ellos daban vasos de agua (gratis) por lo que arramblé con todo japonés que se pusiese por delante hasta llegar a los distintos tenderetes de lo gratis que rodeaban la plaza en busca del líquido primordial y un poco de información. En los diversos puestecitos, había actividades para niños, para mayores, información de todo tipo y varios con papeles de colores que servían para crear grullas de papel. Las grullas de papel son un símbolo de paz y se supone que a aquel que logre hacer 1.000 de las dichosas grullitas, se le concederá un deseo. Yo he de decir que hice dos con bastante esfuerzo y porque tenía un japonés que me decía lo que tenía que hacer en todo momento. Con las grullas de todo el mundo se formaban cadenas de grullas de vistosos colores que se iban dejando por la ciudad adelante. Muy rollo Art Attack.
Mientras andaba pululando entre puestos, se me acercó una camada de niños de unos 10-11 años y en un inglés muy básico me dijo uno de ellos que eran del colegio “Nagatsuka” (pues eso, un colegio) y que ese día tenían que intentar que todos los turistas recordasen ese día y todo lo sucedido. Para hacerlo aún más mono, me entregó una paloma de la paz de
Salí del recinto de la ceremonia y decidí pasear un poco por la ciudad. Lejos de parecer una ciudad depresiva y totalmente centrada en la tragedia, Hiroshima era una ciudad con un aire muy positivo y que se reconstruyó en pocos años dando lugar a una ciudad moderna y bastante bonita, he de decir. Como decían ellos “nos dijeron que tras la bomba, ninguna planta volvería a crecer en Hiroshima y sin embargo, con nuestro esfuerzo, hoy es una bonita ciudad llena de árboles”
Mientras iba andando por una de las zonas
comerciales, me encontré a Hans y Jürgen, los chicos suecos de Kyoto (!), con
quienes paseé un rato mientras intercambiábamos planes. El mío era irme por la
tarde al mundo rural japonés y empezar a perderme por pueblos pequeñitos. Los
primeros serían Matsue e Izumo, en la costa Norte del país, bastante menos
transitada.
A escasas horas de irme, después de comer, pasé por enfrente de una tienda muy curiosa entre coffee-house holandés y tienda de antigüedades. Mientras echaba un ojete a la mercancía, se me acercó un japonés muy curioso (con pelo largo y piercings, algo que no había visto hasta el momento) y con pinta de simpático que me hizo las típicas preguntas de procedencia y opiniones sobre Japón, en un inglés muy, muy limitado.
Le debí
caer en gracia, porque me dijo que él era de Hiroshima y que para él era muy
importante que los extranjeros que iban a Hiroshima recordasen lo que habían visto
y difundiesen el mensaje antibélico de la ceremonia, por lo que me preguntó si
no me apetecería por un casual y de modo gratuíto, tatuarme una de las grullas
de papel simbólicas de Hiroshima. Yo nunca antes me había hecho un tatoo, pero
a poco que conozcáis mi afán a la tontería, sabréis qué respondí.
Me subió a su taller, donde un amiguete suyo hizo en trabajo. Tuve que pensar el color y dónde lo quería en un minuto o así, y lo que quedó fue lo que veis en la foto. Semanas después, me alegro de haberlo hecho. A todo esto, mi tren ya había salido y tendría que coger un billete nuevo (siempre gratis, por el JR Pass del que os he hablado) y decidí volver un rato de nuevo a la zona de la ceremonia a ver que se cocía.
A escasas horas de irme, después de comer, pasé por enfrente de una tienda muy curiosa entre coffee-house holandés y tienda de antigüedades. Mientras echaba un ojete a la mercancía, se me acercó un japonés muy curioso (con pelo largo y piercings, algo que no había visto hasta el momento) y con pinta de simpático que me hizo las típicas preguntas de procedencia y opiniones sobre Japón, en un inglés muy, muy limitado.
Me subió a su taller, donde un amiguete suyo hizo en trabajo. Tuve que pensar el color y dónde lo quería en un minuto o así, y lo que quedó fue lo que veis en la foto. Semanas después, me alegro de haberlo hecho. A todo esto, mi tren ya había salido y tendría que coger un billete nuevo (siempre gratis, por el JR Pass del que os he hablado) y decidí volver un rato de nuevo a la zona de la ceremonia a ver que se cocía.
de farolillos de
colores iluminados muy impresionante. Mucha gente rezaba a las orillas del río
y se daría por concluida la ceremonia unas horas después, aunque varios de los
eventos durarían dos o tres días más. Sin embargo no sé si os habíais parado a
pensar en ello, pero yo no había dormido nada en ningún momento y tenía un
poquito de resaca, por lo que decidí que ya había sido suficiente y me dirigí a
mi querido Shinkansen, que me llevaría a lugares recónditos de Japón,
comenzando por Matsue, a donde llegaría esa misma noche y me iría a dormir de
cabeza en el primer hostal barato que encontré para al día siguiente perderme
por el Japón rural. Pero eso, por supuesto, será la próxima vez.Un abrazo y muchos besos.
Es un privilegio poder vivir una fecha tan señalada y su solemne celebración in situ; es el perfecto contrapunto a tu periplo japonés. Me encanta que te hayas tatuado la garza, no sólo como souvenir, sino como recordatorio de lo noble que puede ser la reacción de un pueblo ante la barbarie... hasta el fin de tus días. Me ha encantado este episodio, Pabliño, y ardo en deseos de conocer tus tejemanejes por el mundo rural, ya en el tono lisonjero al que este, tu blog, nos tiene acostumbrados. Recibe un caluroso abrazo.
ResponderEliminarPablo, lo primero pedirte perdón por no dedicarle tiempo a el blog, lo segundo darte las gracias por dedicar tú tu tiempo a contarnos algo tan maravilloso como lo que acabo de leer más arriba.
ResponderEliminarEl tatuaje me encanta, por cierto.
sé que esto no pega comentarlo en un post sobre hiroshima, pero la frase "Me subió a su taller, donde un amiguete suyo hizo el trabajo" la puedes reutilizar para tu futuro blog de relatos eróticos...
ResponderEliminarfdo:
pauloba
ps: contesta los comentarios!!! todo buen escritor de blogs lo hace!!!
Estimada pauloba:
ResponderEliminarSé que dices lo de "todo buen escritor de blog lo hace" esperando a que pique.
Y esperas bien.
No creo que lo pueda encasquetar en ninguna de mis aventuras por Japón la verdad.
Por otro lado, la respuesta a tu anterior pregunta es: no, en realidad son normales.
Un saludo!
Me parece muy mal q se excusen por hablar mal en ingles sobre lo q los americanos les hicieron...
ResponderEliminarTodo lo demas, estupendo como siempre, incluyendo los ojetes.
;) G.
Ademass, q se me olvidaba, siempre me hane ncantado las lamapras de papel con mensajitos y soltarlas en los rios... o esas q flotan en el aire tmb me gustan....
ResponderEliminarG (otra vez)
¿Lámparas que flotan en el aire?
ResponderEliminar"G", ¿vives en Marte?
Fíjate si tengo glamour, que me perfumo el coño con Ambipur.
ResponderEliminarQue no se te suba a la cabeza, pero me encantan tus historias.
ResponderEliminarEn el fondo sólo escribes para que nos muramos de envidia cochina...
¿Habrá también historietas de "Pablo en Australia"?
Un besote enorme, guapo!
Hacía semanas que no recorria tu blog y me encuentro con todo esto...solo decir que me encanta , pero cierto es que o me das un poco de jengibre o me empalago de tanto japones ¿para cuando Australia?.
ResponderEliminarP.d.Te dan a elegir el color del tatuaje y te pones el tono azul pastel de las ceras Manley?...resaca buena tenia que ser
¡Está bien saberlo!
ResponderEliminar¡Calculo que terminaré con Japón en 3 posts más!
Lo el azul... Creo que estaba muy flower power ese día. La rubita del Cabanyaal le entendería, a ella también le guataba el azul...
Muy bueno el post, totalmente de acuerdo con Ricardo, y desde ya te animo a escribir a la vuelta un libro de cuentos cortos con tus aventuras.Bsñs
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